Sansón: Lleno del poder, vacío de la verdad

¡¡Hoy es día de bendicion! No deje de congregarse, como muchos tienen por costumbre
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Las conquistas de Sansón

Sansón representa los ministerios y ministros que

gozan en el­ poder del Espíritu Santo ¡pero que

toman ligeramente el Espíritu de verdad!

Sansón fue un hombre que estaba totalmente

desprevenido para la crisis que sufrió su

generación. El abusó sus dones y derrochó el

poder que el Espíritu Santo le dio. Su fracaso y

caída son una lección especial para todos

nosotros.

Cuando Sansón nació, Israel estaba en la miseria,

en cautiverio y aflicción, porque Hicieron, pues,

los hijos de Israel lo malo ante los ojos de Jehová,

y olvidaron a Jehová su Dios, y sirvieron a los

baales y a las imágenes de Asera. (Jueces 3:7).

Pero Dios levantó a Sansón para que fuera su

libertador en ese tiempo de ruina y

desesperación. Las Escrituras nos dicen: Y el

Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él

en los campamentos de Dan, entre Zora y Estaol.

(Jueces 13:25) a temprana edad.  La palabra

hebrea manifestarse aquí significa un remover

regular o a menudo. En otras palabras, el Espíritu

de Dios se movía continuamente en Sansón.

Ciertamente, Sansón fue llamado a ser un

nazareo desde su nacimiento. La palabra nazareo

significa “separado, consagrado, abstenido”. En

pocas palabras, Sansón estaba predestinado a

llevar una vida santa, separada, nunca cortarse el

pelo, nunca tomar vino o cualquier bebida

intoxicante, nunca acercarse a un ­­cadáver,

aunque fuera un familiar. Él estaba siendo

separado para el uso del Espíritu Santo, y por lo

tanto debía ser un vaso consagrado.

Sabemos que el Espíritu Santo se movía sobre

Sansón mucho antes de que el comenzara su

ministerio a Israel. Mas sin embargo, ¿cómo se

manifestaba el Espíritu sobre Sansón? Pedro nos

dice: …sino que los santos hombres de Dios

hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

(2 Pedro 1:21). Cualquiera que fuera la

manifestación física que ocurriera en el Antiguo

Testamento, todas estaban acompañadas por el

Espíritu de Dios hablando en y a través de la

gente.

Mientras el Espíritu Santo se movía sobre Sansón,

es seguro que el Espíritu le confirmaba la palabra

que le había sido enseñada durante su niñez. El

constante remover del Espíritu le recordaba a

Sansón que el secreto de su poder estaba en su

dependencia total en el Señor. Solo a través del

Espíritu Santo se podía mantener separado y

mantener sus ojos en su

llamado.

En efecto, Dios nunca

envía a un hombre a hacer

una obra de poder sin

antes enseñarle la forma

en que el Espíritu obraría

sobre él. Así que Sansón

sabía muy bien que el

tenía que mantenerse

bajo la cubierta del

Espíritu de verdad --

manteniéndose

consagrado y

absteniéndose del mal --

para así poder ministrar en el poder del Espíritu.

Mas sin embargo, sabemos que en la vida de

Sansón existía una lujuria desenfrenada -- una

pasión abrumante por mujeres extrañas.

Primero, tuvo una relación prohibida con una

mujer de los filisteos, luego con una ramera en

Gaza y finalmente con Dalila, la prostituta. Dicho

en forma sencilla, Sansón tenía una terrible

adicción al sexo.

Por supuesto que el Espíritu Santo estaba al

tanto de la lujuria de Sansón. Y mientras el

Espíritu se movía sobre Sansón, el le hacía saber

la verdad que Pablo expresa en el Nuevo

Testamento: …porque si vivís conforme a la

carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis

morir las obras de la carne, viviréis. (Romanos

8:13). El Espíritu de Dios siempre habla a las

personas agobiadas por el pecado, instándoles:

¡Confía en mí! Te mostraré el camino a la

victoria.

Sansón tenía acceso a todo el poder del Espíritu

Santo para llevar una vida santa. Pero él ignoró

la voz del Espíritu. Y el hizo esto en su primera

misión: Descendió Sansón a Timnat, y vio en

Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos.

Y subió, y lo declaró a su padre y a su madre,

diciendo: Yo he visto en Timnat una mujer de las

hijas de los filisteos; os ruego que me la toméis

por mujer. (Jueces 14:1-2).

Sansón se atrevió a usar el poder del Espíritu

Santo sin someterse al Espíritu de verdad -- y el

resultado fue sólo teatro!

Como Satanás, Sansón … y no ha permanecido

en la verdad…(Juan 8:44). Y cualquiera que se

atreva a usar el poder del Espíritu Santo sin su

verdad terminará tan sólo haciendo teatro.

Cuando Sansón visitó a la ramera en Gaza, los

de Gaza lo rodearon y esperaron para

capturarlo. Entonces pasó algo sobrenatural:

Mas Sansón durmió hasta la medianoche, y a

la medianoche se levantó, y tomando las

puertas de la ciudad con sus dos pilares y su

cerrojo, se las echó al hombro, y se fue y las

subió a la cumbre del monte que está delante

de Hebrón. (Jueces 16:3).

¡Que hazaña de fuerza! Sin duda, el acto de

Sansón fue una demostración de poder

sobrenatural. Sin embargo, en verdad, no fue

mas que teatro. Lo hizo ante una ciudad

dormida de paganos despreocupados -- sin

obtener victoria, sin romper ataduras, ni

liberación alcanzada.

Hoy de igual manera, muchos llamados

avivamientos son demostrados ante un

mundo que se mantiene intacto y poco

afectado por tales demostraciones. Verás,

cada vez que el Espíritu de verdad no recibe

preeminencia, toda exhibición de poder

sobrenatural -- señales, maravillas,

manifestaciones -- terminan siendo teatros

vacíos.

Piensa en lo poco que Sansón logró en su

ministerio por todas sus demostraciones de

poder sin un verdadero propósito: El mató un

león con sus propias manos. Atrapó 300

zorras y ató sus colas. Quemó sembrados y

viñas y olivares. Sin embargo, nadie fue

liberado por ningunos de estos actos.

El hecho trágico de la vida de Sansón está

claro: Él fracasó totalmente en su misión.

Después de veinte años de su ministerio,

Israel estaba en tan gran atadura como

cuando Sansón comenzó.

El Verdadero Amor... El Amor de Dios

Dios es Amor: ¿Cómo definimos nosotros el

Amor?

El diccionario define al amor como “un intenso

afecto por otra persona, basado en lazos

familiares o personales”.

Habitualmente, este “intenso afecto” tiene raíz en

una atracción sexual por otra persona.  Nosotros

amamos a otra gente o decimos amar a otras

personas, cuando somos atraídos a ellos o

cuando nos hacen sentir bien.  Fíjate que la frase

clave en la definición de amor del diccionario, es

la frase “basado en”.  Esta frase implica que

nosotros amamos de manera condicional; en

otras palabras, nosotros amamos a alguien

porque ellos cumplen una condición que nosotros

requerimos antes de que podamos amarles.

¿Cuántas veces has escuchado o has dicho: “Te

amo porque eres linda”, o “Te amo porque me

cuidas”, o “Te amo porque es divertido estar

contigo”?

Nuestro amor no solo es condicional, también es

“mercurial”.  Nuestro amor se basa en

sentimientos y emociones que pueden cambiar

de un momento a otro. La tasa de divorcios es

extremadamente alta en la sociedad actual,

porque los esposos y esposas supuestamente

dejan de amarse unos a otros o se

“desenamoran”. Podrían estar atravesando un

bache en su matrimonio y ya no “sienten” amor

por sus cónyuges, así que se dan por vencidos.

Evidentemente, su voto matrimonial de “hasta

que la muerte nos separe”, significa que pueden

separarse cuando el amor por su cónyuge muera,

en lugar de cuando mueran físicamente.

¿Puede alguien realmente comprender el amor

“incondicional”?

Parece que el amor que los padres tienen por sus

hijos es lo más cercano que podemos ver de un

amor incondicional, sin la ayuda del amor de Dios

en nuestras vidas. Nosotros continuamos

amando a nuestros hijos a través de los buenos y

malos tiempos, y no dejamos de amarlos, aunque

no cumplan las expectativas que tenemos de

ellos. Tomamos la decisión de amar a nuestros

hijos, aunque los consideremos no merecedores

de ese amor; nuestro amor no se detiene cuando

nosotros no “sentimos” amor por ellos. Este amor

es similar al amor de Dios por nosotros. Pero

como lo veremos, el amor de Dios trasciende la

definición humana de amor a un punto que nos

es difícil entender.

Dios es Amor:

¿Cómo define Dios el Amor?

 La Biblia nos dice que “Dios es Amor” (1 Juan 4:8).

¿Pero cómo podemos siquiera comenzar a

comprender esa verdad?  Hay muchos pasajes en

la Biblia que nos dan la definición de Dios del

amor.  El versículo mejor conocido es Juan 3:16:

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su

Hijo unigénito, para que todo el que cree en él

no se pierda, sino que tenga vida eterna”.  Así

pues, una manera en la que Dios define el amor

es en el acto de entrega. Sin embargo, lo que

Dios dio (o deberíamos decir, a “quien” Dios dio),

no era simplemente un obsequio envuelto; Dios

sacrificó a su hijo único para que nosotros, los

que ponemos nuestra fe en su hijo, no pasemos

la eternidad separados de él.  Este es un amor

asombroso, porque nosotros somos quienes

escogemos estar separados de Dios por nuestro

propio pecado, y aun así, es Dios quien

enmienda esta separación por medio de su

intenso sacrificio personal, y todo lo que

tenemos que hacer es aceptar su obsequio.

Otro gran versículo sobre el amor de Dios se

encuentra en Romanos 5:8: “Pero Dios

demuestra su amor por nosotros en esto: en que

cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió

por nosotros”.  En este versículo y en Juan 3:16,

no encontramos condición alguna de la cual

dependa el amor de Dios por nosotros.  Dios no

dice: “Tan pronto como limpies tus acciones, te

amaré”; ni tampoco dice: “Sacrificaré a mi hijo si

prometes amarme”. De hecho, en Romanos 5:8,

encontramos exactamente lo opuesto. Dios

quiere que nosotros sepamos que su amor es

incondicional; por eso envió a su hijo, Jesucristo,

a morir por nosotros, mientras nosotros éramos

aún pecadores. No tuvimos que limpiarnos, no

tuvimos que hacer ninguna promesa a Dios

antes de poder experimentar su amor. Su amor

por nosotros siempre ha existido y por ello, él

entregó todo y sacrificó todo mucho antes de

que estuviéramos conscientes de que

necesitábamos su amor.

Dios es Amor: Es Incondicional

Dios es Amor, y su amor es muy diferente al

amor humano. El amor de Dios es incondicional

y no se basa en sentimientos o emociones. No

nos ama porque nosotros seamos fáciles de

amar o porque le hagamos sentir bien; él nos

ama porque él es amor. Él nos creó para tener

una relación amorosa con él y sacrificó a su

propio hijo (quien también estaba dispuesto a

morir por nosotros) para restaurar esa relación.

Dios es Amor: ¿Cómo Deberíamos Definir Amor?

Cuando la Escritura dice “Dios es Amor”, no nos

están diciendo que Dios es algún sentimiento

difuso, nebuloso y cálido de amor.  Los

escritores de la Biblia no estaban diciendo que

en nuestra forma limitada de amor humano

encontraríamos a Dios. Para nada. De hecho,

cuando leemos en la Biblia que Dios es amor,

significa que Dios define amor.  Y cuando

decimos que Dios define el amor, no queremos

decir que lo haga como un diccionario podría

hacerlo; queremos decir que Dios es la

definición misma de amor. No existe una cosa tal

como el amor sin Dios.  Por mucho que lo

intentemos, no podemos definir amor sin el

conocimiento de Dios.  Esto significa

esencialmente que nuestra definición humana

de amor es falsa.

Dios es el creador de todas las cosas, y por su

naturaleza, él es amor.  Dios dice que el amor

es incondicional y sacrificial, y no se basa en

sentimientos; por lo tanto, el amor no es un

“intenso afecto, basado en lazos familiares o

personales”.  Para entender lo que el amor

verdadero es y ser capaz de amar

verdaderamente a otros, debemos conocer a

Dios, y podemos hacer esto a través de una

relación personal con él.  Podemos tener una

relación cercana con Dios, colocando nuestra

fe en Jesucristo, quien fue el sacrificio de amor

de Dios para nosotros.

Dios es Amor: El Verdadero Amor solo ocurre

por medio de una Relación con Él

 ¡Dios es Amor! Y como tal, el amor verdadero

(el amor de Dios) puede ser resumido en este

pasaje de la Escritura: “Queridos hermanos,

amémonos los unos a los otros, porque el

amor viene de Dios, y todo el que ama ha

nacido de él y lo conoce.  El que no ama no

conoce a Dios, porque Dios es amor.  Así

manifestó Dios su amor entre nosotros: en

que envió a su Hijo unigénito al mundo para

que vivamos por medio de él.  En esto

consiste el amor: no en que nosotros hayamos

amado a Dios, sino en que él nos amó y envió

a su Hijo para que fuera ofrecido como

sacrificio por el perdón de nuestros pecados. 

Queridos hermanos, ya que Dios nos ha

amado así, también nosotros debemos

amarnos los unos a los otros”

(1 Juan 4:7-11).

 Si quieres conocer este amor —el verdadero

amor—, conoce a Dios. Él está listo a derramar

su amor en ti y quiere enseñarte cómo amar a

otros como él te ama a ti.

Dios llama a su pueblo a ¡¡Regocijarse!

Versículo Clave:

“Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis

libertad en la tierra a todos sus moradores; ese

año os será de jubileo, y volveréis cada uno a

vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia”

– Levítico 25:10.

Escritura Seleccionada:

Levítico 25:8-24

Equí se describe una característica de la Ley de

Israel llamada el Jubileo.  La palabra significa

“aclamación de alegría”.  En las instrucciones que

Dios dio a Moisés, como se cita en el Versículo

Clave, cada cincuenta años iba a ser un año del

Jubileo.  Un año de gran reverencia hacia Dios,

con mucha alegría y agradecimiento por sus

bendiciones múltiples para todo el pueblo.

Una de las características más importantes del

año jubilar fue la proclamación de la libertad para

todo el pueblo.  Si alguien había vendido sus

posesiones en años anteriores con el fin de

proveer a su familia o por alguna otra razón de

necesidad, estas posesiones debían ser devueltas

a ellos en el año del Jubileo.  Del mismo modo, si

alguien había sido vendido como siervo o esclavo

durante los años transcurridos desde el Jubileo

pasado, se les consideraba ahora como libres y

podían volver a sus familiares.  Incluso la tierra

sería libre de ser trabajada durante el año del

Jubileo.

En lugar de plantar y cosechar, las personas

debían comer de lo cosechado años anteriores, lo

que permitiría el reposo de la tierra

Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere

algo de su posesión, entonces su pariente más

próximo vendrá y rescatará lo que su hermano

hubiere vendido.

Y cuando el hombre no tuviere rescatador, y

consiguiere lo suficiente para el rescate,

entonces contará los años desde que vendió, y

pagará lo que quedare al varón a quien vendió, y

volverá a su posesión.

– (Levítico 25:25,27)

Aparte de las instrucciones dadas a Israel acerca

del año del Jubileo, muy poco se sabe al respecto

de esta característica de la Ley.  Sin embargo, en

lo citado anteriormente,

vemos un cuadro

apropiado en relación con

la humanidad y el glorioso

Plan de salvación que Dios

ha preparado en forma

definitiva. Desde la caída

de Adán y Eva en el

pecado, la humanidad ha

sido esclavizada en sus

consecuencias.  Las

posesiones originales del

hombre; vida, paz, salud y

felicidad, se han perdido.

El hombre se ha

convertido en siervo y

esclavo, en la esclavitud del pecado y finalmente

la muerte. Como afirma el apóstol Pablo:  “Por

tanto, como el pecado entró en el mundo por un

hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte

pasó a todos los hombres, por cuanto todos

pecaron” – Romanos 5:12.

“Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz

de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé

diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra

por tu causa; con dolor comerás de ella todos los

días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y

comerás plantas del campo. Con el sudor de tu

rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la

tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo

eres, y al polvo volverás” – Génesis 3:17-19. 

Estos versículos indican que la pérdida de la

libertad del hombre fue el resultado de la

maldición sobre la tierra.  Vemos las grandes

luchas que el hombre ha soportado durante

siglos al tratar de proporcionar alimentos para

los suyos bajo la sombra de esta maldición.

Que agradecidos estamos porque a través del

Reino Venidero de Cristo, le será dada al hombre

una oportunidad para vivir, aprender la justicia y

que al final le sea restaurada la libertad plena, la

liberación de todos los vestigios del pecado y sus

consecuencias.

Será al final de ese Reino, cuando al hombre le

sea restaurado todo lo que Adán perdió, cuando

todos los enemigos sean destruidos, los que

habían mantenido al hombre en la esclavitud, es

así que un Jubileo será escuchado por toda la

tierra como nunca antes ocurrió.

En relación a este tiempo, leemos:

El que estaba sentado en el trono dijo: He aquí

que hago nuevas todas las cosas. … El que

venciere heredará todas las cosas, y yo seré su

Dios, y él será mi hijo” – Apocalipsis 21:5,7.

Cada uno de nosotros es responsable por

demostrar ese agradecimiento por haber

recibido sin ningún mérito, la oportunidad de

ser salvos (como dice la Palabra): no por obras

para que no te gloríe, sino por la gracia de

nuestro Señor Jesucristo, porque fue él el que

se ofreció para lavar nuestros pecados con su

gloriosa sangre, pagando con su muerte en la

cruz.  Por eso nosotros siempre deberíamos

estar dispuestos a perdonar a nuestros

deudores y celebrar todos juntos ‘no el año

del jubileo’ sino todos los días llenos de júbilo

y compartiendo y alabando el Santo Nombre

de nuestro Salvador.

Todos estamos invitados a formar parte de la

gran fiesta del jubileo que Dios tiene

preparado para todos y cada uno de nosotros

en la segunda venida de Cristo que está muy

cerca, tan cerca que con solo extender sus

manos usted podrá sentir la Gloria de Dios

plasmada en la sonrisa de sus hijos, su

esposa(o) o su compañero(a) en el trabajo o

en el lugar donde se congrega con sus demás

hermanos espirituales para honrar a Dios con

sus oraciones y alabanzas.

Si no tiene donde congregarse, hágalo con

nosotros.

¡¡Devolver a Dios lo que Dios nos ha dado!

Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu

Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella

y la habites,

2 entonces tomarás de las primicias de todos los

frutos que sacares de la tierra que Jehová tu Dios

te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar

que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar

allí su nombre.

3 Y te presentarás al sacerdote que hubiere en

aquellos días, y le dirás: Declaro hoy a Jehová tu

Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová

a nuestros padres que nos daría.

4 Y el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y

la pondrá delante del altar de Jehová tu Dios.

5 Entonces hablarás y dirás delante de Jehová tu

Dios: Un arameo a punto de perecer fue mi

padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con

pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una

nación grande, fuerte y numerosa;

6 y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron,

y pusieron sobre nosotros dura servidumbre.

7 Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros

padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra

aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión;

8 y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte,

con brazo extendido, con grande espanto, y con

señales y con milagros;

9 y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra,

tierra que fluye leche y miel.

10 Y ahora, he aquí he traído las primicias del

fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo

dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás

delante de Jehová tu Dios.

11 Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu

Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el

levita y el extranjero que está en medio de ti.

(Deuteronomio 26, 1-11)

Este texto describe el propósito y la estructura

básica del culto de Israel.

Dios concedió el don gratuito e inesperado de

una nueva vida a un grupo de apátridas,

haciendo de ellos un pueblo con una relación

especial con él y dándoles

una « tierra de leche y miel

» en la que vivir.  Los

miembros de la nación son

invitados a responder a la

iniciativa divina mostrando

su agradecimiento y a

hacerlo devolviendo a Dios

una parte de cuanto Dios

les ha dado.  Pero, ¿cómo

ofrecer un regalo al Dios

invisible ? Aquí es donde

entra en juego la

institución del culto

organizado, para permitir

a los seres humanos

realizar una ofrenda simbólica a Dios con la que

expresar su relación con él.

Así, en tiempos de cosecha, el labrador toma

parte de los frutos de la tierra y lo trae a un lugar

consagrado a Dios, un santuario o templo. Los

entrega a un hombre que ha sido designado

para esta función, un sacerdote, y éste acepta la

ofrenda en nombre del Señor y la transmite

simbólicamente a Dios colocándola en el altar,

un lugar de encuentro entre el cielo y la tierra.

Entonces, la ofrenda se hace desaparecer de una

forma u otra, ya sea quemándola o

consumiéndola.  Este retorno a Dios de los

dones que Dios ha dado, conocido en la Biblia

como sacrificio, expresa y refuerza los vínculos

entre los participantes.  Despierta la esperanza

en que Dios siempre estará allí para sus fieles y

continuará cuidándolos.  Les hace conscientes de

que, en última instancia, todo es don y el sentido

último de la existencia no reside en el propio

esfuerzo sino en la confianza en que Dios les

guía y protege continuamente.

Por consiguiente, para los personajes bíblicos,

ofrecer sacrificios no es un deber pesado, mucho

menos algo doloroso, sino un tiempo gozoso en

el que sus lazos con la Fuente de Vida son

renovados : « Harás fiesta por todos los bienes

que el Señor tu Dios te ha dado... ».  Acudir al

templo significa hacer memoria de los

momentos importantes del pasado, expresar el

agradecimiento y la confianza en Dios del

presente y, por tanto, reforzar la esperanza en el

futuro. Además, supone tener una experiencia

tangible de comunión con el resto de los

fieles.

Lejos de eliminar esta dimensión de la

existencia, la venida de Jesús el Mesías tan

sólo la hace más concreta.  Jesús no ofrece

regalos materiales -y por tanto simbólicos- a

aquel a quien llama Padre.  No, su vida entera

es un don al Padre, expresado por una vida

para los demás y sintetizado en su muerte en

la cruz.  Tal y como expresa la carta a los

Hebreos : « Se sacrificó de una vez para

siempre, ofreciéndose a sí mismo » (7, 27 ; ver

también 9, 25-26 ; 10, 10).  Y por nuestra parte,

también nosotros somos invitados a hacer de

nuestra vida un don.  Pablo escribe a los

cristianos de Roma: « Os exhorto a ofreceros

como sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios:

sea ése vuestro culto espiritual » (Romanos 12,

1).  Los creyentes saben que todo es don y,

por tanto, su único deseo será devolverlo todo

a Aquel que derrama abundancia de

bendiciones materiales y espirituales.

- ¿Es posible vivir en gratitud? ¿Por qué a

menudo resulta más fácil pedir algo a Dios

que agradecer cuanto hemos recibido?

- ¿Mediante qué actitudes y acciones puedo

hacer de mi vida una ofrenda a Dios?

- ¿Cómo entender, en este contexto, las

palabras

« Misericordia quiero y no sacrificios? »

(Oseas 6,6 ; Mateo 9, 13)

¿QUE SUCEDE AL MORIR?

El ser humano está compuesto por una parte

espiritual (el alma/ espíritu) y una parte material

(el cuerpo.)  Cuando estas dos partes se separan

ocurre la muerte de las personas (Génesis 35:18.) 

Esto es lo que llamamos el “fin de la vida” (Salmo

90:9) y se puede ver la muerte como “el final” (Job

36:11) de la vida física aquí en la tierra.  Desde el

punto de vista físico, cuando una persona muere,

ha dejado de existir pero eso es solo desde la

perspectiva terrenal.  Podemos ver el cadáver de

una persona que estuvo viva pero que ahora su

cuerpo yace inmóvil y sin signos algunos de vida. 

La vida no está en él – es un cuerpo muerto.

Aunque la muerte se refiere “al final” de los días,

la muerte física en sí no es inexistencia ni el fin de

todo. Al morir el cuerpo es enterrado y se

desintegra; vuelve al polvo de donde vino

(Génesis 3.)   Pero la parte espiritual que se

separó del cuerpo aun existe en un “estado de

muerte”.  La Biblia nos habla de un lugar llamado

‘Seol’ en el Antiguo Testamento (Génesis 37:35) y

‘Hades’ o “lugar escondido” en el Nuevo

Testamento.  A veces el Seol es referencia al

sepulcro (Salmo 30:3) pero otras veces es

referencia al lugar donde van los espíritus de

aquellos que han muerto (Job 26:6.)  El Seol/

Hades se encuentra “abajo” (1 Samuel 2:6) y es el

mundo de los espíritus de los muertos.

Aunque la muerte como tal es castigo divino por

el pecado (Romanos  6:23) y es de por sí “el

temor” de los vivos (Salmos 55:4; Hebreos 2:15),

la Biblia nos dice que la muerte de “los santos” es

un “dormir” del cuerpo del cual serán

despertados en la resurrección (1 Corintios 15:51-

52; 1 Tesalonicenses 4:14-17.)   La muerte de los

creyentes es tenida con “estima” a los ojos de

Dios (Salmo 116:15) y es “esperanza” de los justos

(Proverbios 14:32; 1 Tesalonicenses 4:13.)  Por lo

tanto la muerte no es igual para los que mueren

en Dios y para los impíos.  Al morir, el alma de las

personas  es llevada por los ángeles a uno de dos

lugares.  Los pecadores son llevados a un lugar de

espera en tormento pero los justos gozan de paz

y tranquilidad.  El relato de Lázaro y el rico en

Lucas 16 nos dice que después de morir, Lázaro

fue al “seno de Abraham” o “paraíso”( Lucas

23:43), un lugar de paz y consuelo (Lucas 16:22),

cuando Cristo murió en la cruz, su alma/ espíritu

fue al Hades y el Dios

Padre, a quién le había

“encomendando su

espíritu” (Lucas 23:46)

cuidaba de él con su

presencia en aquel lugar

(Salmo 139:8);  mientras

que el rico de la historia

de Jesús fue a un lugar de

horrible tormento.

La Biblia dice que la ira del

fuego de Dios arde hasta

lo profundo del Seol

(Deuteronomio 32:22.)  Allí

los impíos están

esperando hasta el día de juicio final mientras

que los santos son llevados a un lugar de

descanso y tambien esperan de forma

consciente (Revelación 6:9), por eso la muerte es

referida por los teólogos como el “estado

intermedio.”  Sobre la muerte física de los

creyentes la Biblia nos dice que “están vivos y no

muertos” (Mateo 22:32), que están

“descansando” (Revelación 6:9), que están

“reinando con Cristo” (Rev. 20: 4), que están “en

la presencia del Señor” (2 Corintios 5:6-8) y

“alaban a Dios” (Isaías 44:23), por lo cual dice el

Apóstol Pablo que es “muchísimo mejor” que la

vida en la tierra (Fil. 1:23.)  Desde el punto de

vista terrenal los muertos “terminan sus planes”

(Salmo 146:4.)  Sin embargo ambos tienen

conciencia del lugar donde se encuentran y

tienen conocimiento del pasado (Lucas 16:25),

del presente (Lucas 16:23) y del futuro (Lucas

16:28) que les depara. En ese estado

permanecerán todos los muertos “hasta que no

halla cielos” (Job 14:12; Rev. 6:14; 20:11.)

La Biblia también declara que está establecido

que los hombres mueran una vez y después de

eso el juicio (Hebreos  9:27.)  Por tal la muerte es

un punto sin retorno, no hay purgatorio para

segundas oportunidades.  Una vez que las

personas han muerto toda oportunidad de

salvación se ha perdido y su destino eterno ha

sido fijado.  Solo le espera ser juzgados por Dios

en el “juicio eterno” (Hechos 17:31; Romanos

2:16; Hebreos 6:12.)

Cuando llegue el día prefijado por Dios el cual

coincidirá con la Segunda venida de Cristo

(Juan 5:28-29), todos los muertos, justos e

injustos resucitarán para ser juzgados (Mateo

12:40-41.)  Aquél día comparecerá frente al

trono de Dios tanto “los vivos y los muertos” (2

Timoteo 4:1; 1 Pedro 4:5) para ser juzgados

por medio de Cristo (Hechos 17:31; Romanos

2:16) y recibir su recompensa de vida eterna o

castigo de condenación eterna según como

hallan hecho mientras estaban con vida en la

tierra (Romanos 2; 2 Corintios 5:10; Rev. 20:11-

15.)  Los justos “resucitarán para vida” con

cuerpos incorruptibles a la imagen de Cristo y

los injustos “resucitarán para condenacióny

vergüenza perpétua” lo que se conoce como

“la destrucción (Romanos 9:22) del juicio

eterno en el lago de fuego y azufre (Daniel

12:2; Juan 5:28-29; Hebreos 6:2; Rev. 20:14),

esa es “la muerte segunda”.  Pero los justos

“serán redimidos del Seol” (Salmo 49:15.), ese

mismo día la misma muerte será destruída

para siempre (Isaías 25:8; Oseas 13:14; 1

Corintios 15:54-55: Revelación 20:14) y

entonces los santos gozarán de eterna

bendición frente a la presencia de Dios (Job

16:26) reinando con Cristo por los siglos de los

siglos en los cielos nuevos y la tierra nueva

donde no habrá más llanto, ni más dolor ni

más muerte (Revelación 21:4ss; 22.)

¡AMEN!­

Tengo mi religión, no la puedo cambiar

Al comienzo de nuestras vidas muchos de

nosotros posiblemente no tuvimos la

oportunidad de escoger ese lugar santo, sino que

fuimos llevados de la mano posiblemente por

nuestros padres, algún familiar o algún amigo y

se nos instruyó como una costumbre seguir

determinados ritos o situaciones que no

entendíamos pero que se nos fueron quedando

grabados en nuestra mente y que lo único que

teníamos que hacer era repetir lo que oíamos o

veíamos de nuestros semejantes.  En muchos

casos se nos inculcó que debíamos pedirle o

rogarle a imágenes o cosas, arrodillándonos y

ofreciéndoles ofrendas y sacrificios, los cuales

eran necesarios darlos de lo contrario no

recibiríamos lo pedido a dichas imágenes.

Sabemos que no es fácil hacer un cambio así de

repente, pero si ponemos especial atención

cuando se nos dice que leamos la Biblia, nos

daremos cuenta que el cambio es necesario si lo

que buscamos es la salvación de nuestra alma;

por eso nuestro Señor Jesús le dijo: Yo soy el

camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al

Padre, sino por mí.  Juan 14:6

Más claro que el agua no puede estar: “Nadie

viene al Padre sino por mí.”  Que bonito que

tengamos una puerta especial para llegar al

Padre, y no es cualquier puerta, es su corazón el

que tiene que abrir para que él entre y pueda

limpiarlo a través de su Palabra quitando toda

impureza, resentimiento, odio, angustia, etc.,

entonces se dará cuenta que no todas las

religiones son buenas, sino aquella en la cual se

glorifique el Nombre del Señor Jesús y pueda

usted repetir: Y en ningún otro hay salvación;

porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a

los hombres, en que

podamos ser salvos. 

Hechos 4:12

Una vez que hayamos

identificado la ‘religión’,

–que en realidad debe

llamarse iglesia, debemos

mantenernos estudiando

la Biblia para que no

venga cualquiera a

decirnos que la ‘religión

tal es la que salva’,

recordemos que el

maligno siempre anda

como león rugiente

buscando a quien devorar y si no estamos bien

firmes en las cosas de Dios, con facilidad nos

harán cambiar de manera de pensar y seremos

guiados al camino de la perdición; recordemos

lo que dice la Palabra: No todo el que me dice:

Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos,

sino el que hace la voluntad de mi Padre que

está en los cielos.  Muchos me dirán en aquel

día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu

nombre, y en tu nombre echamos fuera

demonios, y en tu nombre hicimos muchos

milagros?  Y entonces les declararé: Nunca os

conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. 

Mateo 7:21-23

Por eso es muy importante que hagamos un

balance de nuestra vida espiritual y

reconozcamos que si hemos estado en pecado

adorando imágenes o idolatrando falsos ídolos,

nos arrepintamos de una vez por todas porque

no sabemos cuando ni a que hora vamos a ser

llamados según sea la voluntad de Dios. 

“Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos

pereceréis igualmente.”  Lucas 13:3

Como se puede leer en el versículo: “Todos”,

no solo los que pertenezcan a determinada

religión, no solo los que hagan buenas obras,

no solo los que crean llevar una vida sana, no,

eso no es suficiente, hay que arrepentirse de

corazón y olvidarse de las cosas del mundo

que nos puedan desviar del buen camino para

poder así dar testimonio de la Palabra:  “El que

creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el

que no creyere, será condenado.”  Marcos

16:16

Bendiciones para todos los hermanos y

hermanas que se congregan en cada uno de

sus templos y que esas bendiciones sean

derramadas en toda la comunidad en la cual

se desenvuelvan.  Amén.

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